Un dulce típico de la Semana Santa, para endulzar la dura Cuaresma...

Batimos bien los huevos, primero la clara y después la yema.
Mezclamos bien todos los ingredientes para que quede una masa blandita.

Una vez hecha, dejamos que la masa crezca, más o menos un cuarto de su tamaño original.
Luego la echamos en un embudo grande, o en una taza, y se van echando con cuidado al aceite bien caliente como si fueran churros, y se sofríen.
También se puede utilizar una manga pastelera, pero la gracia de este dulce está en su irregularidad.

Cuando ya estén bien doradas, las sacamos, se reservan en un plato y ya podemos degustarlas remozadas en azúcar, solas, mojadas en leche o chocolate...

6 raciones