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SUMMARY:Alardes de Moros y Cristianos
DESCRIPTION:Escritos en 1879 por Bernardino Pérez Iniesta, se trata de una relación en verso en honor a San Miguel Arcángel, que narran una batalla entre moros y cristianos que se representan en sus Fiestas Patronales desde entonces\nPresentación de los Alardes\nPrimer grupo:\nPrimero.- GENERAL CRISTIANO al frente de un grupo de soldados que representan de soldados que representan un Ejército en campaña.\nSegundo.- EMBAJADOR CRISTIANO al lado izquierdo del General y siguiéndoles, en primer término, dos ordenanzas, todos montados a caballo.\nTercero.- UN CENTINELA.\nSegundo Grupo:\nPrimero.- UN GENERAL MORO al frente de su Ejército acampado sobre el Cerro de la Arena, colocado desordenadamente en la Cordillera, y un grupo alrededor de una hoguera que arde profusamente.\nY último.- UN EMBAJADOR que se coloca en actitud de inspeccionar las operaciones del Ejército Cristiano.\nDedicatoria al patrón\nDedicatoria al Patrón con motivo de la desgraciada y sentida muerte de don Juan Pérez García, ocurrida por el imprudente disparo de un arma de fuego en la festividad del año pasado.\n30 de Septiembre de 1878\n(Al salir la Procesión de la Iglesia, dirá el General Cristiano)\n¡Oh Patrón San Miguel nuestro adorado! A tus pies, postrado de rodillas, te rinden homenaje y se te humillan pueblo y devotos, niños y soldados. Y en fúnebre cortejo, extasiados, hoy con fervor suplican de tu gracia, evites no sucedan más desgracias cual presenciamos hace doce meses, en el que el hado cruel con sus reveses, sembró la ruina, el dolor y espanto, en devota familia que te adora tanto. En esta persuasión, y con la ayuda del Juez Municipal y del Alcalde, con la venia, también del Señor Cura, les daremos principio a los Alardes. Este íntimo deseo que, con lisura te suplico a nombre de los fieles, dejara recuerdo indeleble; y si a Ti debemos la paz y la ventura, diremos: ¡Gloria a Dios en las alturas, y haya paz en el pueblo y España eternamente!\nPrimera parte de los Alardes\nLlegada la procesión al sitio del 1º alarde, el General ordena las tropas en 2 alas, frente a la Imagen; teniendo a su lado izquierdo al embajador, y después de la correspondiente reverencia al Patrón, se vuelve a las tropas, con voz fuerte y pausada dice:\nGeneral Cristiano\n¡Soldados míos: Os saco a aqueste campo para que presenciéis la ardiente fiesta que al Arcángel dan nuestros hermanos! ¡Vedlo hermoso y radiante, cual planeta que destella en los ojos del cristiano. Y ved al pueblo, sonriente y tierno, cual luz reflectora de los astros!\nYa que las guerras quedaron terminadas y en España ha habido, ni un quebranto, sin duda por la espada de ese Arcángel a cuya intercesión debemos el milagro…\n(En esto se oye un tiro a lo lejos, disparado por los moros, lo que da motivo a que el General cristiano saque un anteojo, lo dirige al Castillo y continúa)\nPero… ¿qué veo? ¡soldados!… ¡un castillo!… ¡humareda…! ¡Son mahometanos…! ¡Qué atrevidos…! venir a colocarse tan cerca… y con orgía en nuestro radio! ¡Oh , Embajador…! seríamos pequeños si permitiéramos, mas como cristianos, que esa turba insolente pise el suelo y erija monumentos en el campo que defendieron, sí, nuestros abuelos, con honra y gloria.\nId con un vasallo y prevenid a esa turba indigna que, si dentro de un brevísimo plazo… cinco minutos…, no van despavoridos a rociar sus valles africanos con las lágrimas, sí, de su vergüenza, huyendo del furor de los cristianos, iremos presurosos; y al momento quedara reducido en nuestras manos todo a polvo, que, veloz el viento… dejara repetido al firmamento para eterna lección del africano.\nEmbajador cristiano\n¡Oh! Qué orgulloso, General, me siento al ser yo portador de su sentencia. Siento en el Alma, no tener paciencia ¡cuanto me alienta sus presentimientos!; y… ¡cuanto, no diré, a la presencia de esta turba soez tan sin memoria!\n¿Habrán olvidado aquella gloria que en el año sesenta conquistamos, demostrando, ante el mundo, quiénes somos como hombres, Españoles y cristianos?\nNo queda duda; el asunto es obvio: ¿si en su patria quedamos victoriosos, saldremos en la nuestra derrotados?…\nNo es posible. San Miguel glorioso: tu valor y tu espada nos alienta!\nAdiós mi general: hasta la vuelta.\n(El embajador parte al galope hacia el castillo de los moros. Esos le salen al encuentro y después de un breve rato se viene con el Embajador moro)\nGeneral cristiano\nValerosos soldados: Doy alerta mientras tanto que viene la embajada; no se caso, nos den, una emboscada la infamia y ceguedad de aquella secta. Entre tanto, rendíos, mis valientes; y al Patrón pedidle, con vehemencia, nos conceda de su omnipotencia heroísmo y valor: Esa fe ardiente que tanto enaltece al buen soldado, y que, en esta ocasión necesitamos, para haber de vencer a esos dementes si, nuestro Patrón, tiende su brazo sobre estas tropas que a tus pies se humillan y forma de este pueblo una familia ligada toda en fraternal abrazo!\nAsí cual tierna madre, en su regazo acoge con fruición y amor prolijo las súplicas y caricias de sus hijos, así, tú, cual padre cariñoso, acoge mis plegarias; dad consuelo; mira postrado tu amantísimo pueblo que sin paz camina proceloso a un abismo perdido en el vacío:\nY del cielo, cual gotas de rocío, deja caer sobre el pecho de tus fieles ese néctar, que llena de laureles y conforta la fe del Cristianismo\n¡Así lo espero Arcángel glorioso; nuestra fe llegara a la sepultura; y con tu sacra ayuda… alcanzaremos, no sólo vencer los sarracenos, si no darnos paz, dicha y ventura! Así lo pido, juntamente con el Clero, que a su rebaño guía para el cielo.\nY vosotros, soldados valerosos, no dudéis la victoria; estad seguros que la fe en la guerra el mejor muro y el mejor galardón en toda lidia.\nDespreciemos la muerte! ¿Qué es la muerte? Fin de un principio, en que con calma, solo allí se consigue, eternamente… ¡Sueño sublime… dichosa paz del alma!\n(PAUSA)\nLevantaos, soldados diligentes… y contad, de seguro, con la gloria que alcanzó a nuestros padres; la victoria, de arrojar para siempre aquellas huestes.\nEmbajador cristiano\nMi general… ¡regreso muy rendido de evacuar el asunto confiado: desatentos y bruscos he encontrado los fieros sarracenos. ¡Oh! Qué impíos han querido mostrasen atrevidos contestando con audacia fiera, que vendrán, y en medio de una hoguera quemarán los santos y a estos fieles sirviéndoles las llamas de laureles.\nTanto es así, Señor, que ahora mismo oiréis su Embajador; y yo os ruego… desoigáis su imprudencia, y desde luego, vayamos y que bajen al abismo.\n(El general cristiano hace signos afirmativos y el Embajador cristiano se retira a un costado para que pase el Embajador moro, el que, previo el oportuno saludo, principia con tono imprecativo la siguiente relación.)\nEmbajador moro\n¡Oídme, señor, pues que, Tarif Arganto, pronuncia por mi boca su sentencia! Oír no puede con indiferencia. Que de Mahoma, su Alcorán santo, se quebrante y se ultraje; con bultos que fueron ramas y follaje y hoy pesada madera que tributan.\n¡Oh… Señor! ¡Los aborrece! En el instante ordena a esas tropas humildes, que condenas a una muerte segura, y que obedecen, que Mahoma es el Ser creador de todo; que castiga a los que hacen un desprecio tan vergonzoso, atrevido y necio, cual lo hacéis vosotros de ese modo, así Tarif, mi señor, a ti me envía, mensajero de la paz; y en este día, si aquesos santos no arrojáis al fuego, o tiráis, despreciándolos al suelo mediremos la fuerza de las armas.\nGeneral cristiano\n¡Cómo!… ¿tirarlas?…\nEmbajador moro\nSe perdió la calma, si tanto estimáis esas maderas… ya veréis arrojarnos, como fieras, sobre esos santos ridículos y muertos, dejando el campo de cadáveres cubierto. Sin embargo, aún tienes el camino que os he trazado en este instante; dejando las andas que lleváis triunfantes y tirad ese traje peregrino que os dejaron, errantes, los abuelos al meceros inocentes en la cuna.\nOye, cristiano, no hay otro consuelo para el hombre mortal que nuestra luna; ella es, escudo, contra todo vicio; ella es la cura de nuestros males; ella os librara de todo precipicio… y ella la paz a todos los mortales.\nCon que, así, medita, buen cristiano y formula cuanto antes tu respuesta para dar otro aspecto a vuestra fiesta y a mi Jefe ofrecerle vuestra mano. Luego… ó resuelves con cordura… o mirad, allí, la sepultura.\nGeneral cristiano\nId, en buena hora, militar valiente, y decirle a Tarif que, el Dios supremo, quince mil hombres colocó a su frente para a su vanidad ponerle freno: y decidle, si, que muy sereno sus insultos recibe… este brazo impaciente.\nDesde ahora todo el embarazo que trate de oponerse a nuestros cultos, depreciando altamente sus insultos quedara reducido a mil pedazos.\n(Mientras tanto llega el General moro con su embajador, para lo cual sale al encuentro para dar cuenta de sus gestiones. El General cristiano se ocupa de dar disposiciones y colocar las tropas convenientemente para la batalla.)\nEl general cristiano\n¡Oh! Embajador, seamos diligentes!\n(Con voz fuerte:) ¡Que desfile cuanto antes la vanguardia! Al castillo mucho ojo; y que la guardia se redoble a la izquierda, prontamente.\nEmbajador cristiano\nLos cañones al llano. Aquella altura cogerla, y poned nuestra bandera. Y… no temáis; las huestes sarracenas pagaran con su sangre su locura.\nGeneral cristiano\nAún vienen en busca de aventuras… las tendrán; pues presiento según late mi corazón, que al tiempo del combate, vuestro heroísmo sellara en las historias… nuevos florones, páginas de gloria.\n(En esto llegan los moros al cuerpo de guardia con su General a la cabeza el centinela se adelanta dos pasos y les dice)\nEl centinela\n¡Alto!… ¿Quién va?…\nGeneral moro\n¡Vaya un mandria! Vengo al parlamento, sin desorden.\nEl centinela\nPues alto que pase la orden…\nMi general: ¡Los sayones en la guardia. Vienen muchos… San Miguel nos valga!\nGeneral cristiano\nTanto mejor, ¡adelante, mahometanos!\nGeneral moro\nAlá te guarde, General cristiano: ¿Qué impulso ha movido tu embajada? ¿Creías, acaso, que mi armada huiría fugitiva de un tirano, General orgulloso, fatuo y vano como vos…? ¡vaya una bobada! ¡tener valor de venir a esta explanada con descaro brutal haciendo alarde de supremo poder!… ¡viles cobardes!\n¿Habéis adquirido valor tanto con vestir de reliquias a esos santos? ¡Santos les llaman! ¡Válgame Mahoma! Poco importa los roa la carcoma… o destruya el fuego de la guerra. ¡Parece mentira, que haya aquí en la tierra hombres de luces, que adoren con espanto, trozos de pino, a que llaman santos.\nOye, cristiano, toma otro camino; modera tu furor, tu fantasía; ¿No ves, que es todo hipocresía y falacia evidente? ¡desatinos… no hay, general, mas poder divino… padre de todos y autor de esa gran obra, que, el que hizo el Alcorán, el Dios Mahoma que allí adoramos, sí, en nuestro castillo.\n¿Le convenceré, Mahoma, a este insensato cristiano que viene a turbar la paz de este sosegado campo? ¿Cómo, delante del trono del gran profeta sagrado, estáis dando adoraciones pomposas a este retablo? Que, ¿por ventura, ignoráis de Mahoma el poder alto y que a su suprema ley todos debéis sujetaros?\nSois rebeldes; pues ya os dije con mi buen parlamentario que estabais pisoteando el supremo Alcorán, sabio; y siendo yo de Mahoma un califa y fiel vasallo, jamas os permitiré holléis su nombre sagrado.\nDemasiado os lo prevengo… pues que no merecéis tanto. Luego, al punto, esos maderos al suelo habéis de arrojarlos; y aquellos grupos de gente deshaced, y que, cantando inunden montes y valles al Dios Mahoma alabando. Esto haced; si no, a este alfanje temed, por que si descargo sobre vos, el fatal golpe os reduciré a pedazos.\nGeneral cristiano\n¡Oh Arcángel San Miguel! ¡Oh Dios divino! ¡Que dejéis proferir tanta herejía!… con que ¿decís que es todo hipocresía y este culto y creencia desatino? ¡vaya que elocuencia!… ¡vaya un tino de fatuo general mahometano!\n¿Has perdido el sentido, muy villano, eligiendo por Dios tu media luna que auguró y cortó, con gran fortuna, la audacia perspicaz del gran soldado? Soldado que estudió la Astronomía y con esta hacía sus profecías. Este es, tú Dios, mísero pagano; aquel que tenéis entre columnas de acero, por cumplir su testamento haciéndole de imán su eterna cuna. Empero ¿para qué, mi Dios, perder momento con historia africana a estos dementes que sólo el fuego y las armas les convence?\nGeneral moro\n¡Sólo el fuego y las armas! ¡qué inocencia demuestra, General, en este roto! ¿Sois vosotros ilustres literatos que hacéis alarde de poder y ciencia? Me hacéis dudar, General, en este instante que sea esta la patria de Cervantes. Tuvisteis muchos sabios que murieron con la gloria y la fama, que adquirieron escribiendo novelas, poesías, escritos ilusionarios, fantasías pero nada evidente: Ved tus leyes… tu moral y la industria, tu comercio, todo digno del mayor desprecio y nada aseguráis; hasta los Reyes los dejáis vacilantes en el trono!\n¿Y vuestra Religión…? ni por asomo podéis compararla iluso, con la nuestra. Allí, General, no tenemos otra secta ni más bandera que la del Profeta. Mientras vosotros… unos protestantes; otros… ateos, muy recalcitrantes; otros muchos… impíos, materialistas; acullá otra escuela espiritistas, y tenéis tal baraja de creencias… que debierais llamarlas, en conciencia, y a vuestra religión altisonantes; (y os lo digo, cual lo estoy sintiendo, con frase española): capa de estudiante de abajo a arriba, llena de remiendos.\nYa lo oís, General, cristiano; suponiendo existiera Jesucristo, poco o nada, imitan a este mártir ni fieles, ni soldados, ni ministros! ¡Oh, Mahoma, mi Dios, que hagan alarde de humildad y piedad los españoles, cuando pasan al Templo a solazarse y toman por orgía las procesiones…!\nA estas vienen las damas, con mil trajes, a lucir sus raros y ridículos encajes… flores y cintas… como por encanto… y a todo miran… menos a los Santos! No pasa, así, cristiano, en nuestros ritos; con el fondo del alma nos postramos, con los pechos abiertos y contritos, en alas de la fe nos remontamos al lado del gran Dios, el Dios prolijo, que nos tiende su mano en todo el orbe y desde el cielo a la tierra todo absorbe.\nDesde el Asia a La Meca, medio mundo, cuajado y repleto de seres racionales cual un solo hombre, todos, sin segundo les damos el ejemplo a los mortales: sin tener más Dios, que el Dios Mahoma antes y después, sin otras ceremonias. Y lo mismo en la Meca, que en el Asia, que en la tórrida zona que en Turquía sólo tremola la bandera verde, que bordada con oro y pedrería, allí ciframos nuestra última mirada; allí dejamos nuestra última alegría… y cual sol, sin rival, es nuestra Luna que muy tiernos abrazamos en la cuna.\nPresiento, General, que este relato apreciaras mejor en breve rato… pues, no dudes, que si esto no bastara y apeláis a las armas altanero, justamente buscaba yo eso mismo y, pues, quieres hundirte en el abismo que a todos os abrirá mi ardiente acero, prepara tus soldados valerosos… ¡ya verás quién queda victorioso!\n¡Sarcasmos…! mi corazón henchido de un fuerte enojo no puede oír mas; mis ojos… mirarte sin gran furor! ¡Atrevido… osarte hablar contra el Patrón más glorioso… punto que no es forzoso con la espada declarar; mas antes quiero que veas cuan errada es tu osadía pues despreciando la vida a la muerte te condenas.\n¿Qué incauto te ha seducido? La religión nuestra abraza y es asunto concluido, mas si insistes temerario en disparados empeños… ¡testigos serán los cielos del estrago de este rayo!\nGeneral moro\nGeneral, antes daría toda mi alma y corazón, que, abrazar tu religión basada en la hipocresía.\nGeneral cristiano\n¡Oh, cuánto, moro, te engañas con no admitir mis ofertas… son públicas mis hazañas; y aun cuando así no lo fueran, quedaran bien demostradas, en la presente ocasión con estos guerreros fieras henchidos de devoción.\nGeneral moro\n¡Cavilas! ¡Vamos con ellos…!\nGeneral cristiano\nAquellos puntos cogedlos…\nGeneral moro\nDe poco te servirán.\nGeneral cristiano\nNo confíes en tu Alcorán, que nos queréis deshonrar.\nGeneral moro\n¡Me quema este militar…!\n¡Sarracenos: con furor, comeos el corazón, de toda esta gentualla…! ¿Qué son ellos…?\nContestan los moros todos\n¡Vil canallas de aparente devoción!\nGeneral cristiano\n¡Cavilas, nuestra es la acción; vencimos en la batalla! ¡Herido está el General…! Esto en la guerra es usual. ¡Oh, Tarif, que hirió tu alfanje; y yo no siento mi muerte, solo, sí la mala suerte que va a sufrir nuestro Arcángel!\n¡Soldados ninguno…! Ninguno avance que traman una emboscada. ¡Ganaremos aquella altura…!\nGeneral moro\nYa pagaste tu locura. Seguídle la retirada, muchachos, pasos atrás coger los troncos de pino llevarlos para el castillo que allí los vais a quemar.\nY, ahora, vitorear diciendo ¡viva Mahoma! ¡viva nuestro musulmán, y el Ejército con honra!\nFIN DEL PRIMER ALARDE\nSegunda parte de los Alardes\nLos moros colocan los santos a la cabeza de la procesión y esta les sigue hasta la explanada del castillo. Una vez colocadas las imágenes en pedestales, llega el General Cristiano al cuerpo de guardia de los Moros y volviéndose hasta sus soldados, dice:\nGeneral cristiano\nConfuso y avergonzado de la batalla pasada, vuelvo al campo del honor a recobrar buena fama, pues la vida, sin honor, la Tengo por muerte amarga.\n¡Soldados! tened valor; volvamos a la campaña. Haced el último esfuerzo, pues tengo tal confianza de vencer al enemigo si las fuerzas no nos faltan, que siento se pase el tiempo:\n¡Es mi muerte la tardanza…! ¡Ya nos ponen centinelas…! ¡Ya desfila su vanguardia…! ¿Qué esperamos, hijos míos? ¡Id preparando las armas…!\nY tú, fiel Embajador, a subir a la montaña. Ve a Tarif, a aquel dragón de las huestes africanas y decirle que no admito ni razones ni palabras, o nos devuelven el Patrón, aquel Arcángel que alaban los Ángeles en el cielo, O que prepare la batalla.\nEmbajador cristiano\nCon el alma y la vida; voy a punto a darle cima a tan grave asunto.\n(Se marcha el Embajador cristiano a donde están los moros y a su llegada saluda al Embajador Moro y le dice:)\nNuestro Dios te bendiga, moro ufano, y préstale atención a mi discurso:\nYo soy, Señor el Embajador cristiano que en nombre de mi Jefe y al concurso de fieles y tropas a su mando, os ruego que al momento entreguéis la efigie, que tu audacia ha conquistado por sorpresa insidiosa, inesperada, embebió en sus cultos el cristiano; pero que, vuelto en sí, de su insulto y con ardiente fe muy alentado, no olvida el atropello cometido que un musulmán el suelo haya pisado, ¿te muestras sordo?, ¿no escucháis mis ruegos? El culpable serás del resultado.\nTus huestes sarracenas, degolladas, no han de hallar en la fuga triste amparo.\n¿Qué, la naturaleza no te mueve y altivo intentar no rendir tu brazo. Pues, ya verás, despreciar armas, y cuerpo a cuerpo lidiar en ese campo y no en batalla general conviertas…\n¡Oh, Dios, mi pecho esta inflamado! ¡Oh, Tarif…! resuelve, pronto, que ese, nuestro patrón, sea entregado, y que después, el pueblo te bendiga por hombre religioso y señalado.\nGeneral Moro\nSigue, Embajador; estáis soñando. Contestaré resuelto con mi alfanje.\nEmbajador cristiano\nVeo que no das pruebas de ablandarte… pues sigue tu tesón; y el resultado bien pronto lo veras, pues somos todos con los moros, nada compasivos, cuando vienen así pisoteando el sagrado derecho que pedimos.\nY fieras en la lid, veréis cual pronto correremos, ansiosos, al peligro por dejar al Arcángel sin mancilla por lavarle ese rostro tan divino: hundiendo para siempre, haciendo astillas vuestras armas rebeldes; y atrevidos, castigaremos la avilantez infame, que ha mostrado el Musulmán altivo, de mirar con el mayor oprobio aquella hermosa imagen que allí miro, sin mirar que ese glorioso Arcángel con su cortante espada ha vencido, más de una vez, al dragón rebelde que a sus plantas tiene confundido.\nGeneral Moro\nYa te he escuchado, Embajador altivo, en tu discurso he visto la soberbia propia de vuestro suelo; y que prefieres de una baja manera a mi presencia.\n¡Con esos modales, venirme suplicando que de vuestro patrón haga la entrada…!\n¡Y con filos venir amenazando…! atestadas están en mi cabeza.\nDel parlamento, las sagradas leyes, que excesiva arrogancia os dispensan; de otra suerte jamás perdonaría injurias que rebajan mi grandeza.\nMarchad pronto; y decid a vuestro jefe que no tan fácilmente se hace entrega de laureles ganados en batalla, y en los peligros de una sangrienta guerra. Ahora bien; si soberbio y atrevido quiere hacer vuestro insulto a mis banderas con este corvo alfanje, que sostengo, el hilo cortaré de su carrera.\nLas columnas formadas a su frente jamás cristiano alguno vio dispersar vertieron, sí, su valerosa sangre por el Alcorán santo que profesan; espero ¿huir? ¡nunca! Ya formadas otro sangriento ataque es lo que esperan, para dar a entender al cristianismo el poder de las fuerzas sarracenas, y, por último, este alfanje enacerado sabré medir con él en la pelea, y la muerte, que, yo miro en su torno, será la que dé fin a esta guerra.\nEmbajador cristiano\nEso a mi jefe diré; pero tened entendido que nada conseguiré pues es cruel, vengativo, contra todo el que a su fe pronto no ve convertido.\nAdiós, General, piensa el asunto, que en tu mano, la paz, se te convida; no pierdas de vista, que es la vida la que juegan millares. Voy al punto a enterar a mi jefe prontamente. Con que… ¿nada más?\nGeneral Moro\nNADA.\nEmbajador cristiano (Al volverse)\n¡ESTÁ VALIENTE!\n(Vuelve rápido el Embajador y al llegar a la vista del General pronuncia con denuedo):\n¡Mi General que quieren prender fuego al Patrón! ¡Entremos a degüello! A vos, San Miguel Glorioso, os pido con fervor, que deis valor a mi brazo y a mi lengua explicación, para poder convertir a esa barbara Nación, a esos moros africanos que viven sin religión y no creen en el misterio de la Santa Encarnación.\nA ellos; ¡valientes soldados! Seguidme con gran valor rescataremos la imagen mediante su intercesión.\n(En esto sale al encuentro el General Moro y el General cristiano continúa):\nGeneral cristiano\n¡Alto! Valeroso moro, detén tu brioso paso; no sigas más tu soberbia, que antes que llegue el ocaso de ese astro luminoso, he de quedar victorioso y de tu audacia vengado.\nGeneral Moro\nParece que estás animado…\nGeneral cristiano\nDéjate de pasatiempos; que en cenizas, por el viento, volarás con tus soldados.\nGeneral Moro\nParece que has olvidado ¡Oh Cristiano, fugitivo!, las escenas que han pasado. Admito tu desafío…\nYo haré que vuelva a tu memoria lo que dejaste en olvido a un vencedor, que en Europa mil glorias ha conseguido con tu Embajador brindarle con tu piedad y cariño ¡y vas, ahora, a oponerte a que este cortante filo!\n¿Caiga en tierra tu cabeza por soberbio y atrevido?\nCuando dejaste cobarde a ese, tu Patrón que miro ¿como no te hiciste fuerte mostrando ese noble brío?\nTú corriste con los tuyos pálido y muy pavorido, sin mirar en el honor del soldado, distintivo. Tu ejército abandonaste; y vergonzoso y corrido armas, caballos, ¿qué digo? ¡hasta el Patrón dejaste!\nGeneral cristiano\nDespreciando tus palabras me remito a mi valor… o fuiste tú, quien venciste, nuestra tibia devoción; ella nos privo las fuerzas y la victoria te dio.\nGeneral Moro\n¡Alá santo! Tú que miras desde ese trono sagrado mis acciones de valor da fortaleza a mi brazo que dé a entender a este vil lo que en un mahometano cuando se encuentra en la lid y vengan escarmentados si hubiera aquí veinte mil.\nGeneral cristiano\nCon que, ¿confiáis en la lid? Pues… ¡a ella soldados míos! ¡aprovechad la ocasión!\n(Gran tiroteo por ambos flancos. Simulacro. Caen dos o tres moros a tierra)\nCogédles ese castillo y morid con el Patrón ¡Ya desmayan en la acción…!\nEmbajador cristiano\n¡Huid, infame canalla…! ¡fuertes en esa muralla…!\nGeneral Moro\n¿Abandonáis la montaña…? ¡Alá… ¡nuestra perdición!\nGeneral cristiano\n¿No hacías de tu Dios alarde? ¡vuelve la cara cobarde!\n(En esto le dispara un tiro al General Moro y finge estar herido)\nGeneral Moro\n¡Ay! ¡Me hirió el corazón! Venid y oíd hijos míos.\nTodos los moros\nLo vemos… ¡somos perdidos! Entregaos a discreción.\nGeneral cristiano\nEntrega ese fino acero que valiente has defendido me pesa en haberte herido y tu salud pronto espero, la del alma es lo primero; reconócete rendido.\nEsa efigie, ese portento ha defendido tu vida. Humíllate a Jesucristo y pídele, en alta voz, que te conceda el bautismo.\nGeneral Moro\nEse tiro tan certero que mi corazón ha herido abrió una fuente, que arroja el veneno que he bebido. De manifiesto me pone mis errores cometidos ¡Penas enormes! ¡qué infamia! ¡por mí sufren los cautivos! Sobre todo ¡cielo santo! A vuestra majestad le pido me saque de las tinieblas en que ofuscado he vivido. Mi corazón, balbuciente, ved que late en su recinto, y desea, cuanto antes, y que reciba el bautismo de esas aguas con que limpian los corazones podridos. ¡Aguas cristalinas puras de aquellas con que San Juan bautizo en el río Jordán a su hijo Jesucristo!\n(Pausa)\nYa que una vez, por la bondad divina se encuentra, ya, mi alma disipada de aquellas densas tinieblas que otro tiempo tenaces mis potencias ofuscaban ya que una vez, repito, muy gustoso la luz del corazón tal refulgente como rayo activo y presuroso ha disipado mi corazón ardiente os prevengo, soldados, ya no soy hereje demostradme otra vez la confianza que habéis tenido siempre en vuestro jefe ya soy cristiano y desde el momento que mis ojos perciben la luz clara, conocí, hijos míos, que la secta era un error, mentira, era falacia por lo tanto, yo os ruego, yo quisiera que vosotros conocierais eso mismo eligiendo la senda verdadera que conduce al Empíreo, separara del abismo con que seguidme soldados al templo de la hermosura.\n¡Ved al santo fuente pura de victoria coronado! Ni Mahoma ni sectarios ante el Patrón San Miguel pues fue el que venció a Luzbel por activo y orgulloso.\nPostremos presuroso guerreros del Argel y Tánger y rindiendo los alfanjes digamos con devoción: ¡Viva sí, la religión! ¡Viva San Miguel Arcángel!\nFIN DEL SEGUNDO ALARDE\nFinal de los Alardes\nToda la comitiva toma rumbo a la Iglesia de San Miguel Arcángel en procesión. Al llegar la procesión a la puerta de la Iglesia dirá el General cristiano:\nGeneral Cristiano:\nA vos San Miguel glorioso, capitán del cielo Empíreo, pues con vuestra sacra ayuda en este día he convertido a tanto moro que errantes andaban por mal camino y hoy se rinden humillados a la ley de Jesucristo.\nPerdónales sus errores, también a nosotros mismos que si obtenemos tu gracia, que es la de astro divino, se aterraran de mi brazo turcos, herejes, judíos…\nDécimas para la oficialidad de los contendientes:\n1ª.- Querido pueblo atención clero y el Ayuntamiento, que os mostráis tan atentos inspirados de fervor, dignaos oír el loor que el vencedor y vencidos, los últimos convertidos, dirigen a su patrón, símbolo de religión, de fe, esperanza y alivio.\n2ª.- Sí Gloriosísimo Miguel; tu fe, virtud y valor, emprendieron con valor, la lucha contra Luzbel. ¡Venciste…! así a tus pies representa la inmundicia el pecado y la malicia hecha polvo por tu espada, que debe ser imitada por todos con gran malicia.\n3ª.- ¡Sí Arcángel venerado por tu pureza envidiable te concedió Dios, afable, de que fueras coronado! Oye al pueblo que humillado hoy bendice tu hermosura por ser fuente de agua pura, un bálsamo deleitable, de religiosos amable del pecador sepultura.\n4ª.- Y esta, la primera vez, que todos, en fe deshechos, ofrecen y abren sus pechos al Arcángel San Miguel; ¡Oh padre, Supremo ser! Mándanos el corazón y aviva nuestra memoria. ¡Sé tú celeste mansión!\n5ª.- Para el General cristiano:\n¿Habrá cosa, más hermosa que alabarte, Serafín? Tus mejillas son carmín matizadas, cual las rosas; así tu frente espaciosa con estos ojos de encanto, producen el dulce llanto que nos inspira el consuelo. Y ¿cómo no? Si en el Cielo te envidian todos los santos.\n6ª.- Para el General Moro:\n¡Oh, Arcángel este séquito afable, humilde y romántico, te eleva piadosos cánticos, como General de Ejército: concédenos mil estímulos, que sea nuestra vida una péndula cual de seres metafísicos entonando himnos divinos.\n7ª y última para el General cristiano\nY los que habéis presenciado nuestro humilde y pobre Alarde, tened indulgencia grande pues somos aficionados. En cambio habréis encontrado una tierna devoción, nacida del corazón de estos tristes lugareños, que aman con fe, a ese risueño Arcángel, que es tu Patrón. Hermano General: casa ese alfanje y levanta tu voz, que ya eres libre y ayuda a decir ¡viva Abengibre! ¡y que sea con vosotros el Arcángel!\nGeneral Moro\nTe ayudo con el alma: ¡Viva el pueblo de Abengibre, viva San Miguel Arcángel!\nFIN DE LOS ALARDES\n
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